Durante nuestra existencia recibimos innumerables mensajes sobre la casi obligatoriedad de ser feliz y la necesidad de erradicar todo tipo de malestar.
Ya sea a través de la literatura, el cine, la publicidad, el saber popular, e inclusive desde recomendaciones de especialistas a modo de autoayuda,
encontramos menciones a que algunas emociones deben de ser dejadas fuera. Lo mismo con los temores, dudas e incertidumbres. Algo similar ocurre con recuerdos y pensamientos que pueden perturbarnos.
Lo cierto es que si prestamos atención a lo que ha sucedido en nuestras vidas nos encontramos con que el sufrimiento es un viejo conocido. Más aún, si bien al intentar librarnos del malestar emocional que nos aqueja podemos obtener buenos resultados, la mayoría de las veces ello es inefectivo: a mayor esfuerzo por dejar de sentirnos con dolor emocional, más presente puede llegar a estar.
La actitud de aceptación no implica estar de acuerdo con lo que nos ocurre. Es más bien hacernos una pregunta: ¿qué puedo hacer de aquí en adelante para que mi vida sea digna de ser vivida, a pesar del malestar?