
Mucho se ha hablado sobre la capacidad de retener lo leído en un texto, recordar lo que un profesor dice en clase y las posibilidades de concentrarse mientras se estudia.
Es bueno tener presentes algunas cuestiones:
1- Existen enormes diferencias individuales en cuanto a las posibilidades de atención, el grado de motivación y la capacidad intelectual. A modo de ejemplo: podemos tener dos personas de igual edad y grado de escolarización que frente a una actividad responderán de manera diferente.
2- Es innegable el papel de las emociones en el aprendizaje. Ya no se discute la importancia de la motivación, afectos, y estados de ánimo a la hora de aprender. En cualquier etapa de la vida y en cualquier disciplina: debe haber interés en lo que se estudia.
3- La sociedad exige que durante la adolescencia se tomen decisiones en relación al estudio y futuro laboral. No todas los jóvenes viven en un contexto en donde se favorezca una actitud positiva ante el futuro. ¿Puede estar motivado un chico que no ha visto obtener resultados visibles a la generación de sus padres pese a esforzarse?
4- La adolescencia es un momento de cambios radicales en el pensamiento, la forma en que se relaciona con el entorno y lo corporal. Tales cambios emocionales, sociales y conductuales implican que no siempre haya una correspondencia entre lo propuesto desde lo curricular académico y los intereses del jóven. Es frecuente que los temas de estudio no sean motivadores en una etapa en donde los intereses están más vinculados al disfrute del momento y no a una proyección a futuro.
5-En estrecha relación con lo anterior, el interés y disfrute es determinante, ocurriendo muchas veces que el contenido de lo que se lee o escucha no es atractivo. Por una cuestión natural, tendemos a prestar atención a lo novedoso e interesante. Y si lo que leemos no lo es, nos distraemos, aburrimos y olvidamos.
4- Existe un proceso de pérdida de lo retenido llamado «curva de Ebbinghaus». Para describirlo de forma breve podemos decir que a medida que pasa el tiempo, se reduce nuestra capacidad de recordación. Si no existen adecuadas técnicas de estudio es más difícil recuperarlo.
5- Puede ayudarse con técnicas de estudio. Ellas comprenden una serie de estrategias para poder organizar el material, planificar el tiempo, minimizar las distracciones, comprender las ideas centrales, y poder retener lo aprendido.
6- Finalmente, en ocasiones es necesario poder valorar las capacidades de atención y concentración mediante test, puesto que la falta de motivación puede estar generada por un desorden en la atención, y no un mero conflicto entre lo que se exige estudiar y el interés del momento.
Te invitamos a que leas otras publicaciones en nuestra página… encontrarás variadas temáticas pensadas para ti!!


